-
   
 
 

 

 

 

 
ENSEÑANZAS del Mº El Tibetano –Djwhal Khul-
 
Enseñanzas tomadas de los libros de Alice A. Bailey.
Editorial Fundación Lucis. Buenos Aires.
A ser publicadas en ediciones trimestrales.
Año 2008: Julio, Agosto, Septiembre.
Reproducción autorizada.
 
 
 
   
 
 

NOTA CLAVE

“Siempre que haya un debilitamiento de la Ley y un crecimiento de la ilegalidad en todas partes, entonces Yo me manifiesto”.

“Para la Salvación de los justos y la destrucción de aquellos que hacen el mal, para el firme establecimiento de la Ley, Yo vuelvo a nacer edad tras edad”.

BHAGAVAD GITA
Libro IV, Aforismo 7 y 8


Capítulo I


LA DOCTRINA DE AQUEL QUE VIENE
Enseñanza Occidental


LA DOCTRINA DE LOS AVATARES
Enseñanza Oriental
(Segunda Parte)

La doctrina de los Avatares y la doctrina de la continuidad de la revelación van paralelas. En todas las épocas y en cada crisis humana, y siempre en las horas de necesidad, en la creación de una nueva raza o en el despertar de una humanidad preparada para recibir una nueva y más amplia misión, el Corazón de Dios –impulsado por la Ley de Compasión- envía un Instructor, un Salvador del mundo, un Iluminador, un Avatar, un Intermediario, Transmisor, un Cristo. Trae el mensaje de curación que indicará el próximo paso que la raza humana debe dar; además iluminará un oscuro problema mundial, e impartirá al hombre el conocimiento de un aspecto de la humanidad hasta ahora incomprendido. La doctrina de los Avatares, Mensajeros divinos, Apariciones divinas y Salvadores, está fundada en el hecho de la continuidad de la revelación y en la secuencia de esta manifestación progresiva de la naturaleza divina. La historia da testimonio inequívoco de todos Ellos. En la realidad de esta continuidad, de esta secuencia de Mensajeros y Avatares y en la horrenda y espantosa necesidad de la humanidad de esta época, se basa la expectativa mundial de la reaparición de Cristo. El reconocimiento innato de estas realidades ha producido el clamor invocador, elevado constantemente por la humanidad, en demanda de algún alivio o intervención divina; el reconocimiento de esos hechos también inspirará el mandato que ha surgido desde “el centro donde la voluntad de Dios es conocida” para que el Avatar venga nuevamente; el conocimiento de ambas demandas indujo al Cristo a prometer a todos sus discípulos del mundo que Él reaparecerá cuando hayan realizado el trabajo preparatorio necesario.

Los Avatares más comúnmente conocidos y reconocidos son: Buda en Oriente y Cristo en Occidente. Sus mensajes son familiares a todos, y los frutos de Sus vidas y palabras han condicionado el pensamiento y la civilización de ambos hemisferios. Debido a que son Avatares humanos-divinos, representan aquello que la humanidad puede comprender fácilmente, porque su naturaleza es igual a la nuestra, “carne de nuestra carne, espíritu de nuestro espíritu”; los conocemos y confiamos en ellos, significando para nosotros más que otras Apariciones divinas. Son conocidos por millones de seres que también Los conocen, confían en Ellos y Los aman. Cada uno estableció un núcleo de energía espiritual que está más allá de nuestra capacidad de comprensión. La tarea incesante de un Avatar consiste en establecer un núcleo de energía persistente y espiritualmente positivo; enfoca o introduce una verdad dinámica, una potente forma mental o un vórtice de energía magnética en el mundo del humano vivir. Este punto focal actúa acrecentadamente como transmisor de energía espiritual; permite a la humanidad expresar alguna idea divina que con el tiempo produce una civilización con su consiguiente cultura, religión, política, gobierno y métodos educativos. Así se hace la historia, la cual, después de todo no es más que el registro de la reacción cíclica de la humanidad hacia alguna afluyente energía divina, hacia un líder inspirado o algún Avatar.

Un Avatar es por lo general, por tiempo indefinido, un Representante del segundo aspecto divino, el de Amor-Sabiduría, el Amor de Dios. Se manifestará como un Salvador, un Constructor, un Preservador; la humanidad no está todavía suficientemente desarrollada ni adecuadamente orientada hacia la vida del Espíritu como para resistir fácilmente el impacto de un Avatar que exprese la dinámica voluntad de Dios. Para nosotros ( y ésta es nuestra limitación), Avatar es aquel que preserva, desarrolla, construye, protege, ampara y socorre los impulsos espirituales por los cuales vive el hombre. La necesidad del hombre y su demanda de preservación y ayuda, hace que Él se manifieste. La humanidad necesita Amor, comprensión y rectas relaciones humanas, como expresión de una divinidad realizada. Esta necesidad nos trajo anteriormente al Cristo como Avatar de Amor. Cristo, ese gran Mensajero humano-divino, debido a su magna realización – en el sentido de su comprensión- transmitió a la humanidad un aspecto y una potencialidad de la naturaleza de Dios mismo, el principio Amor de la Deidad. La luz, la aspiración, y el reconocimiento de Dios Trascendente ha sido la expresión vacilante de la actitud humana hacia Dios, antes del advenimiento del Buda, el Avatar de la Iluminación. Cuando vino el Buda demostró en su propia vida la realidad de Dios Inmanente y de Dios Trascendente, de Dios en el universo y de Dios en la humanidad. La individualidad de la Deidad y del yo en el corazón del hombre llegó a ser una realidad en la conciencia humana. Fue una verdad relativamente nueva para el hombre.

Sin embargo, las Escrituras mundiales acentuaron muy poco a Dios como aspecto Amor, hasta que vino Cristo y vivió una vida de amor y de servicio y dio a los hombres el nuevo mandamiento de amarse los unos a los otos. Después de su venida como el Avatar de Amor, Dios llegó a ser conocido como amor supremo, amor como meta y objetivo de la creación, amor como principio fundamental de las relaciones y amor que actúa en todo lo manifestado, que se dirige hacia un Plan motivado por el Amor. Cristo reveló y acentuó esta divina cualidad, que alteró el vivir, las metas y los valores humanos.

La razón por la cual Él no ha venido nuevamente se debe a que sus seguidores no han realizado el trabajo necesario en todos los países. Su venida depende en gran parte, como veremos más adelante, de que se establezcan las correctas relaciones humanas, lo cual fue obstaculizado por la iglesia en el transcurso de los siglos, y no ha ayudado a ello debido a su fanatismo de hacer “cristianos” a todos los pueblos, en vez de seguidores del Cristo. Ha recalcado la doctrina teológica y no el amor y la comprensión amorosa como Cristo la ejemplificó. Predicó la doctrina del iracundo Saúl en Tarso y no la del bondadoso carpintero de Galilea. Por eso, Él está esperando. Pero su hora ya ha llegado, debido a la “necesidad” de todos los pueblos, a la demanda invocadora de las masas de todas partes y a la petición de Sus discípulos que profesan todos los credos y las religiones del mundo.

No nos es dable conocer aún la fecha y el momento de Su reaparición. Su venida depende de la demanda (tantas veces silenciosa) de todos los que aguardan con intención masiva; también de que las correctas relaciones humanas estén mejor establecidas, y de determinado trabajo que realizan hoy los Miembros avanzados del Reino de Dios, la Iglesia Invisible, la Jerarquía espiritual de nuestro planeta; además depende hoy de la constancia de los discípulos de Cristo en el mundo y de Sus colaboradores iniciados que actúan en los numerosos grupos religiosos, políticos y económicos. A esto debe agregarse lo que los cristianos acostumbran llamar “la Voluntad inescrutable de Dios”, ese propósito no reconocido del Señor del Mundo, el Anciano de los Días (como se lo llama en El Antiguo Testamento), Que conoce Su propio pensamiento, irradia la cualidad más elevada del amor y enfoca Su voluntad en Su propio lugar elevado, dentro del centro donde “ la voluntad de Dios es conocida”.

Cuando aparezca el Cristo, el Avatar de Amor, entonces “Los hijos de los hombres que son ahora los hijos de Dios apartarán Sus rostros de la Luz resplandeciente e irradiarán esa Luz sobre los hijos de los hombres que toda vía no saben que son los hijos de Dios”.
Entonces aparecerá Aquel que viene; Sus pasos se acelerarán en el valle de las sombras, porque el Todopoderoso que se halla sobre la cumbre de la montaña, exhala amor eterno, luz suprema y pacífica y silenciosa voluntad.

“Entonces responderán los hijos de los hombres. Una nueva luz brillará en el cansado y lúgubre valle de la tierra. Una nueva vida circulará por sus venas y su visión abarcará todos los caminos de lo que vendrá”.

“Así vendrá nuevamente la paz a la tierra, pero una paz desconocida hasta ahora. Entonces la voluntad al bien florecerá como comprensión, y la comprensión fructificará como buena voluntad en los hombres”.


Alice B. Bailey
La Reaparición de Cristo- Capítulo I- Pags. 13 -16