NOTA
CLAVE
“Siempre
que haya un debilitamiento de la Ley y un
crecimiento de la ilegalidad en todas partes,
entonces Yo me manifiesto”.
“Para
la Salvación de los justos y la destrucción
de aquellos que hacen el mal, para el firme
establecimiento de la Ley, Yo vuelvo a nacer
edad tras edad”.
BHAGAVAD
GITA
Libro IV, Aforismo 7 y 8
Capítulo I
LA DOCTRINA DE AQUEL QUE VIENE
Enseñanza Occidental
LA DOCTRINA DE LOS AVATARES
Enseñanza Oriental
(Segunda Parte)
La
doctrina de los Avatares y la doctrina de
la continuidad de la revelación van
paralelas. En todas las épocas y en
cada crisis humana, y siempre en las horas
de necesidad, en la creación de una
nueva raza o en el despertar de una humanidad
preparada para recibir una nueva y más
amplia misión, el Corazón de
Dios –impulsado por la Ley de Compasión-
envía un Instructor, un Salvador del
mundo, un Iluminador, un Avatar, un Intermediario,
Transmisor, un Cristo. Trae el mensaje de
curación que indicará el próximo
paso que la raza humana debe dar; además
iluminará un oscuro problema mundial,
e impartirá al hombre el conocimiento
de un aspecto de la humanidad hasta ahora
incomprendido. La doctrina de los Avatares,
Mensajeros divinos, Apariciones divinas y
Salvadores, está fundada en el hecho
de la continuidad de la revelación
y en la secuencia de esta manifestación
progresiva de la naturaleza divina. La historia
da testimonio inequívoco de todos Ellos.
En la realidad de esta continuidad, de esta
secuencia de Mensajeros y Avatares y en la
horrenda y espantosa necesidad de la humanidad
de esta época, se basa la expectativa
mundial de la reaparición de Cristo.
El reconocimiento innato de estas realidades
ha producido el clamor invocador, elevado
constantemente por la humanidad, en demanda
de algún alivio o intervención
divina; el reconocimiento de esos hechos también
inspirará el mandato que ha surgido
desde “el centro donde la voluntad de
Dios es conocida” para que el Avatar
venga nuevamente; el conocimiento de ambas
demandas indujo al Cristo a prometer a todos
sus discípulos del mundo que Él
reaparecerá cuando hayan realizado
el trabajo preparatorio necesario.
Los
Avatares más comúnmente conocidos
y reconocidos son: Buda en Oriente y Cristo
en Occidente. Sus mensajes son familiares
a todos, y los frutos de Sus vidas y palabras
han condicionado el pensamiento y la civilización
de ambos hemisferios. Debido a que son Avatares
humanos-divinos, representan aquello que la
humanidad puede comprender fácilmente,
porque su naturaleza es igual a la nuestra,
“carne de nuestra carne, espíritu
de nuestro espíritu”; los conocemos
y confiamos en ellos, significando para nosotros
más que otras Apariciones divinas.
Son conocidos por millones de seres que también
Los conocen, confían en Ellos y Los
aman. Cada uno estableció un núcleo
de energía espiritual que está
más allá de nuestra capacidad
de comprensión. La tarea incesante
de un Avatar consiste en establecer un núcleo
de energía persistente y espiritualmente
positivo; enfoca o introduce una verdad dinámica,
una potente forma mental o un vórtice
de energía magnética en el mundo
del humano vivir. Este punto focal actúa
acrecentadamente como transmisor de energía
espiritual; permite a la humanidad expresar
alguna idea divina que con el tiempo produce
una civilización con su consiguiente
cultura, religión, política,
gobierno y métodos educativos. Así
se hace la historia, la cual, después
de todo no es más que el registro de
la reacción cíclica de la humanidad
hacia alguna afluyente energía divina,
hacia un líder inspirado o algún
Avatar.
Un
Avatar es por lo general, por tiempo indefinido,
un Representante del segundo aspecto divino,
el de Amor-Sabiduría, el Amor de Dios.
Se manifestará como un Salvador, un
Constructor, un Preservador; la humanidad
no está todavía suficientemente
desarrollada ni adecuadamente orientada hacia
la vida del Espíritu como para resistir
fácilmente el impacto de un Avatar
que exprese la dinámica voluntad de
Dios. Para nosotros ( y ésta es nuestra
limitación), Avatar es aquel que preserva,
desarrolla, construye, protege, ampara y socorre
los impulsos espirituales por los cuales vive
el hombre. La necesidad del hombre y su demanda
de preservación y ayuda, hace que Él
se manifieste. La humanidad necesita Amor,
comprensión y rectas relaciones humanas,
como expresión de una divinidad realizada.
Esta necesidad nos trajo anteriormente al
Cristo como Avatar de Amor. Cristo, ese gran
Mensajero humano-divino, debido a su magna
realización – en el sentido de
su comprensión- transmitió a
la humanidad un aspecto y una potencialidad
de la naturaleza de Dios mismo, el principio
Amor de la Deidad. La luz, la aspiración,
y el reconocimiento de Dios Trascendente ha
sido la expresión vacilante de la actitud
humana hacia Dios, antes del advenimiento
del Buda, el Avatar de la Iluminación.
Cuando vino el Buda demostró en su
propia vida la realidad de Dios Inmanente
y de Dios Trascendente, de Dios en el universo
y de Dios en la humanidad. La individualidad
de la Deidad y del yo en el corazón
del hombre llegó a ser una realidad
en la conciencia humana. Fue una verdad relativamente
nueva para el hombre.
Sin
embargo, las Escrituras mundiales acentuaron
muy poco a Dios como aspecto Amor, hasta que
vino Cristo y vivió una vida de amor
y de servicio y dio a los hombres el nuevo
mandamiento de amarse los unos a los otos.
Después de su venida como el Avatar
de Amor, Dios llegó a ser conocido
como amor supremo, amor como meta y objetivo
de la creación, amor como principio
fundamental de las relaciones y amor que actúa
en todo lo manifestado, que se dirige hacia
un Plan motivado por el Amor. Cristo reveló
y acentuó esta divina cualidad, que
alteró el vivir, las metas y los valores
humanos.
La
razón por la cual Él no ha venido
nuevamente se debe a que sus seguidores no
han realizado el trabajo necesario en todos
los países. Su venida depende en gran
parte, como veremos más adelante, de
que se establezcan las correctas relaciones
humanas, lo cual fue obstaculizado por la
iglesia en el transcurso de los siglos, y
no ha ayudado a ello debido a su fanatismo
de hacer “cristianos” a todos
los pueblos, en vez de seguidores del Cristo.
Ha recalcado la doctrina teológica
y no el amor y la comprensión amorosa
como Cristo la ejemplificó. Predicó
la doctrina del iracundo Saúl en Tarso
y no la del bondadoso carpintero de Galilea.
Por eso, Él está esperando.
Pero su hora ya ha llegado, debido a la “necesidad”
de todos los pueblos, a la demanda invocadora
de las masas de todas partes y a la petición
de Sus discípulos que profesan todos
los credos y las religiones del mundo.
No
nos es dable conocer aún la fecha y
el momento de Su reaparición. Su venida
depende de la demanda (tantas veces silenciosa)
de todos los que aguardan con intención
masiva; también de que las correctas
relaciones humanas estén mejor establecidas,
y de determinado trabajo que realizan hoy
los Miembros avanzados del Reino de Dios,
la Iglesia Invisible, la Jerarquía
espiritual de nuestro planeta; además
depende hoy de la constancia de los discípulos
de Cristo en el mundo y de Sus colaboradores
iniciados que actúan en los numerosos
grupos religiosos, políticos y económicos.
A esto debe agregarse lo que los cristianos
acostumbran llamar “la Voluntad inescrutable
de Dios”, ese propósito no reconocido
del Señor del Mundo, el Anciano de
los Días (como se lo llama en El Antiguo
Testamento), Que conoce Su propio pensamiento,
irradia la cualidad más elevada del
amor y enfoca Su voluntad en Su propio lugar
elevado, dentro del centro donde “ la
voluntad de Dios es conocida”.
Cuando
aparezca el Cristo, el Avatar de Amor, entonces
“Los hijos de los hombres que son ahora
los hijos de Dios apartarán Sus rostros
de la Luz resplandeciente e irradiarán
esa Luz sobre los hijos de los hombres que
toda vía no saben que son los hijos
de Dios”.
Entonces aparecerá Aquel que viene;
Sus pasos se acelerarán en el valle
de las sombras, porque el Todopoderoso que
se halla sobre la cumbre de la montaña,
exhala amor eterno, luz suprema y pacífica
y silenciosa voluntad.
“Entonces
responderán los hijos de los hombres.
Una nueva luz brillará en el cansado
y lúgubre valle de la tierra. Una nueva
vida circulará por sus venas y su visión
abarcará todos los caminos de lo que
vendrá”.
“Así
vendrá nuevamente la paz a la tierra,
pero una paz desconocida hasta ahora. Entonces
la voluntad al bien florecerá como
comprensión, y la comprensión
fructificará como buena voluntad en
los hombres”.
Alice B. Bailey
La Reaparición de Cristo- Capítulo
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